Primero Familia

Víctimas de la tecnología, dando paso al silencio familiar


Poco a poco se ha ido perdiendo la comunicación en todas partes, en la casa, en el trabajo y con los amigos. Hoy, ya nadie quiere hablar, solo quieren escribir; mandar textos o estar viendo videos y cosas en las redes sociales, privándonos así de una comunicación más fluida, más clara y precisa.

Aparte de perderse la comunicación, hablando también se pierde, porque todos estamos sumergidos en el mundo de la tecnología. Ahora somos víctimas de los avances tecnológicos, ya sea computadora o teléfono, donde pasamos largas horas invirtiendo un tiempo que podría ser empleado de mejor manera para una persona de nuestra familia. Los esposos ya no conversan. Los padres y los hijos han dejado de comunicarse verbalmente, los hermanos son cada vez más indiferentes, escasamente se dirigen la palabra y esto va levantando murallas de completa incomprensión hacia nuestros seres queridos.

Todos los miembros de una familia nos encerramos, en nuestro pequeño mundo y dejamos fuera las relaciones interpersonales; tal como reírnos juntos, mirarnos frente a frente, abrazarnos y besarnos antes de irnos, o al llegar a casa el saludo fraternal, como antes, estas son las  cosas que fortalecen los lazos familiares.

Lo más peligroso en la relaciones, es el silencio que ocasiona el que ahora ya no queremos hablar. Si necesito algo de ti, te lo pediré por escrito. Se llega al punto de olvidar los hermosos sonidos de cada voz en particular. Sonidos que armonizan y llegan al oído para acariciarlo con palabras habladas.

Ahora el silencio está destruyendo las relaciones familiares. Pretendemos avanzar con la boca cerrada y los pensamientos vagando, siempre en torno a un mundo irreal, sumergidos en la tecnología.

Despertemos a la voz, despertemos las palabras, escuchemos a nuestros seres queridos, hagamos el esfuerzo por dejar por unos momentos esos aparatos que tanto nos han alejado de los seres que amamos. Conozcamos la fuerza y el poder que tiene la comunicación verbal y no permitamos que el silencio destruya lentamente nuestra relación de familia. Que desafortunadamente en muchas familias ya existe una fractura que impide volver a comunicarse como antes, cada vez es más difícil poder expresar y comunicar nuestros deseos personalmente, frente a frente.

Cuando lleguemos a casa acariciemos a nuestros seres queridos con el sonido de nuestra voz, con la esencia de una buena charla y curemos así los golpes y heridas del diario vivir.

Digamos no al silencio y vayamos en pro de una buena comunicación familiar para fortalecer nuestros lazos y unión.

Tener una familia unida y fuerte donde fluya la buena palabra, para un mejor entendimiento y armonía dentro del hogar.

Por: Nora Oropeza


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