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Ortodoxia, la obsesión por comer sano


La ortodoxia, es un trastorno poco conocido hoy en día, pero que a diario se vuelve cada vez más frecuente en jóvenes y adultos. Este trastorno, inicia por querer empezar a tener una vida saludable, pero esto luego se vuelve una obsesión por los alimentos buenos y los ´´malos´´.  Es la trampa de la vida sana. Son en su mayoría adolescentes, pero también adultos que detrás de una elección por el mundo orgánico, el vegetarianismo y el veganismo, esconden un desorden más profundo.

No existen cifras exactas sobre estos desórdenes, pero se sabe que la prevalencia estimada de anorexia nerviosa -el trastorno más conocido- en mujeres jóvenes y adolescentes de países desarrollados es de 0,5% a 1%. El principal rasgo de las personas con ortorexia es la rigidez. Primero descartan la grasa animal, las harinas blancas, los hidratos de carbono, los aditivos y los conservantes. Y la lista no para de crecer.

Ortorexia deriva del griego orthos, lo correcto, y orexi, apetito, por lo que quiere decir literalmente “hambre por la comida correcta”. Las personas que atraviesan una anorexia o bulimia tienen fijación con la cantidad, mientras que los ortoréxicos tienen fijación con la calidad de la comida. Si la ortorexia avanza, puede desembocar en una anorexia.

Los más afectados son los adolescentes, impulsados por el ideal de belleza y de felicidad instalado en la sociedad. Ellos no necesariamente tienen un bajo peso, porque la obsesión no pasa por la imagen, sino por comer bien.

Pero el problema es que los padres también están atrapados en la cultura de lo sano, y entonces ven como una virtud de sus hijas que se enfoquen en comer ‘saludable’. Esto genera un contexto que facilita la ortorexia y que retrasa muchísimo el diagnóstico. Si bien las mujeres son las que tienen más inclinación hacia los trastornos alimentarios, los hombres no están exentos.

Los especialistas señalan que lo importante es no catalogar los alimentos como saludables o no saludables. “El acento tiene que estar puesto en moderar las cantidades y aprender a comer de todo, pero también en el contexto en que nos alimentamos. Un signo de alarma es cuando los adolescentes comienzan a evitar salidas y encuentros con amigos o familia porque prefieren comer distinto del resto”, agrega Hernández, experto en el tema.

Uno de los factores que predisponen a tener un trastorno alimentario es tener padres dietantes. Desde las instituciones señalan que reciben a muchas jóvenes que están haciendo la misma dieta que la madre o que van al gimnasio juntas.


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