Primero Familia

Mejorando la relación con los hijos


La vida no es fácil, y menos cuando se presentan problemas en la relación con nuestros hijos adolescentes, nunca imaginé estar viviendo cosas tan desagradables con mis bebés, mis niños, lo más importante para mí, se ha convertido en un verdadero descontrol en casa.

Como todos los padres siempre tenemos la ilusión y los sueños de que  nuestros hijos son los mejores del mundo, antes de entrar a la edad difícil que  directamente llamo “aborrecencia” (adolescencia), ellos se sentían orgullosos de nosotros, podíamos hablar tranquilamente, cuántas tardes agradables de películas y de juegos compartidos, cuantas muestras de cariño y respeto nos brindaban, sus atenciones y detalles siempre plasmados en un dibujo o en el desayuno hecho por ellos, los niños amorosos y tiernos que todo el mundo admiraba, ¿dónde han quedado? ¿qué pasó?,  se extraña en casa esa bella convivencia familiar con ellos.

Sé que no éramos la familia perfecta, pero mi esposo y yo siempre ofrecimos amor y atención a nuestros pequeños, no insultos, no malas palabras, mucha comunicación, siempre presentes en sus momentos importantes y en sus momentos difíciles, apoyándolos en sus actividades escolares, prácticamente una familia normal pero a diferencia de muchas, siempre atenta a sus necesidades, por pequeñas que fueran.

Pero de pronto todo eso desaparece, se esfuma y no encuentro el medio para poder estar bien con ellos. Han cumplido 14 y 15 años y las contestaciones son cada vez más agresivas, los pleitos entre ellos son más seguido, las faltas de respeto empiezan abundar en la casa, las puertas cerradas de sus habitaciones  impidiendo poder acercarnos, una palabra mía y ¡ZAZ! Es como una bofetada, no puedo hablarles, se molestan de todo. No puedo creer que hasta por decirles; “ya está servida la comida vente a comer”, rápidamente escucho una mala contestación “¿quién te dijo que tenía hambre?  “pues, comételo tú, yo no pienso comer”, y obvio como padres no podemos permitir esto, porque ¡claro! que es una falta de respeto y es aquí donde empieza la pelea;  “¡qué te pasa, por qué me contestas de esa forma, soy tu mamá y me respetas!, acto seguido,  ellos todavía tienen el cinismo de seguir contestando o de cerrarnos la puerta en la cara.

La mayoría de los padres pasamos por estos momentos desagradables, algunos optan por poner reglas más estrictas o convertir el hogar en un verdadero campo de batalla, donde los dos lados siempre están a la defensiva esperando el momento de atacar; “ Voy a una fiesta” (porque ya no piden permiso, solo avisan),  ¡no vas! Contestamos, y otra vez, los gritos y sombrerazos que llegan a durar hasta más tiempo que la Guerra del Golfo, de los 14 a los 18 o 19 años.

Que difícil y que decepcionante se vuelve esta situación, y sobretodo cuando los hijos lastiman a los padres con comentarios fuertes y con las constantes críticas.

Muchas veces queremos desistir y rendirnos y pensar en que momento se nos fue esto de las manos, qué errores cometimos en la educación de los hijos, provocando sentimientos de culpa y de frustración.

Pero cuidado, no nos dejemos enganchar por nuestros propios sentimientos, enfriemos nuestra mente y tratemos de ver las cosas diferentes. Empezamos por analizar; bueno ellos me responden agresivamente y si contesto es peor, perfecto, no contesto y no hago caso; no demos pie a que ellos continúen con esa conducta.

No quieren comer, que no coman, la verdad es que no pasa nada si ellos no quieren comer, que lo hagan después, ah, pero eso sí, ellos solos que se atiendan.

Tratemos de aprovechar los pocos momentos que nos dan para conversar, si quieren contarnos algo, “ESE” es el momento, hay que escucharlos y no decir, te lo dije, ya ves lo que pasa etc. Cambiemos nuestras respuestas por: y qué hiciste, y tú qué piensas, no te preocupes las cosas saldrán mejor. De esta forma recuperaremos la comunicación y la confianza de nuestros hijos.

Respetemos su espacio, no seamos de esos padres que todo quieren saber y preguntar, vamos a conformarnos con lo que ellos nos quieren contar o enseñar.

Mantengamos los límites y reglas de casa de forma amigable, no hay que gritar porque se convierte en un caos. Podemos negociar los permisos y llegadas.

Respetemos el proyecto de vida y su individualidad apoyándoles y ofreciéndoles otras alternativas solamente.

Claro que no es fácil, pero ellos jamás van a acceder a cambiar su comportamiento mientras estén atravesando esta etapa de la aborrecencia (adolescencia) y nosotros debemos ser más inteligentes para mejorar nuestra relación con ellos y no perderlos, porque recordemos que están en la edad más vulnerable y pueden caer en vicios, como el alcohol y las drogas.

Algo muy importante, aunque nos lastimen no tomemos las cosas personal, porque eso nos aleja más de ellos, tomemos las cosas como parte de esta edad que adolece de todo y todo les molesta, una transición en la que hasta ellos mismos quieren salir huyendo porque no se soportan. Pero cuidado esto no quiere decir que no marquemos los límites de respeto.

Por: Nora Oropeza


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