Primero Familia

Los apegos nos impiden la felicidad


Por: César Lozano

Un hombre que iba caminando por la calle observó a una mujer que se arrastraba lentamente sobre el pasto debajo de un faro de luz. Intrigado por lo que esta mujer hacía, se le acercó con la intención de ayudarla y le preguntó: “¿Señora, que le ha sucedido? ¿Necesita ayuda?” “Si, muchas gracias, replicó ella. Estoy buscando las llaves de mi casa”.  Él, muy atento y servicial, se prestó a ayudarle a encontrar las llaves. Transcurrió un largo tiempo y no las encontraron. El señor le preguntó a la señora: “¿Está segura de que sus llaves cayeron aquí? ¿Tiene usted idea de dónde las dejó? La señora le contestó: “Si, por supuesto, las llaves se me cayeron en la calle de enfrente”. Sorprendido, el hombre le preguntó: “Se puede saber, entonces, por qué las está buscando aquí, en lugar de estarlas buscando allá?” Y la mujer respondió: “Las busco acá porque hay más luz, conozco mejor este lugar y además es mucho más cómodo”.

Así de raros y absurdos, como esta historia, somos los seres humanos cuando se trata de entender por qué buscamos la felicidad donde no está.

Buscamos la estabilidad creyendo que cuando tengamos más cosas materiales o nos quiera determinada persona, vamos a ser felices. Seguimos buscando la felicidad en los lugares donde nos sentimos más cómodos o donde creemos que es menos complicado.

Es fundamental recordar que los apegos nos impiden ser felices. Cuando aceptamos los apegos en nuestras vidas, depositamos la felicidad en el exterior y en manos de los demás. Ya no depende de nosotros ser felices, sino de las cosas que obtenemos o de las personas que nos rodean y sobre todo, de la aceptación de los demás. Olvidamos que la felicidad está más cerca de lo que creemos.

Hay diferentes tipos de apegos:

• Apego afectivo: Creer que la gente que amo debe de corresponderme de la misma forma. Me siento dueño de la gente que amo, y sobre todo quiero cambiarla a mi modo. Cuando una persona no puede poseer a quien desea, la adicción afectiva hace su aparición. Hay apego afectivo de padres hacia los hijos o viceversa. De amigos e inclusive de mascotas, en  la que se sufre por no sentir el cariño recíproco. Olvidamos que la gente es como es y punto. Que nadie puede obligar a otro ser humano a que te ame. Cuánta gente en aras de ese supuesto amor, sacrifican su felicidad para complacer el ego de la otra persona y terminan peor que un esclavo. Sometidas, pisoteadas y menospreciadas. Olvidan vivir sus vidas, para vivir el sueño de los demás.

• Apego Material: Creer que la gente vale por lo que tiene y no por lo que es. Creer que entre más cosas tengamos, más valemos. Cuántas personas conocemos que por perder sus bienes, pierden completamente su felicidad al grado de querer morir de tristeza. Nos educan que para ser, hay que tener, poseer y ostentar. Es fácil caer en la trampa mental de creer que valemos más por lo que tenemos que por lo que somos.

No nos vamos a llevar nada. ¿Cuándo has visto un cortejo fúnebre con el camión de mudanzas atrás que carga las cosas del muerto? Recuerdo la historia de aquél maestro de la espiritualidad que predicaba todo el tiempo la importancia de desprenderse de las cosas materiales. Fue invitado por sus discípulos a una feria artesanal de Oriente, donde llevaban diversos productos importados de otros continentes. Al entrar en el primer pabellón, el maestro tardo en recorrerlo el triple de tiempo que sus discípulos. Ellos se devolvieron extrañados a preguntarle el porqué. El maestro sonriendo los miró a los ojos y les dijo: “Queridos discípulos, tienen toda la razón; mi demora se debe a que estoy totalmente asombrado y perplejo de ver la cantidad de cosas materiales que yo no necesito para ser feliz”.

• Apego ideológico: Creer que tenemos la verdad absoluta. Creer que solo nuestra religión es la que tiene la verdad y solo seremos salvos quienes creamos en la religión que yo creo. No tener la humildad de aceptar nuestros errores. Cuánto daño se ha hecho por hacer  creer a las masas en que la verdad absoluta es la que se dice. En cualquier discusión hay tres verdades: tu verdad, mi verdad y la verdad.

La verdadera felicidad está en nuestro interior. Nacemos para ser felices y los apegos y el miedo nos lo impiden. Busca tener pensamientos que te ayuden a mantener la armonía. Evita todos esos pensamientos que te llevan al sufrimiento, que es lo contrario al amor que Dios desea que sientas.  El te dio la vida para ser feliz no para sufrir.

Evita los apegos y el miedo y serás más feliz.

¡Ánimo!

Hasta la próxima.

Dr. César Lozano

Conferencista Internacional y Conductor de Radio y Televisión
• Página web: www.cesarlozano.com
• Facebook: Facebook.com/doctorcesarlozano
• Twitter: @drcesarlozano
• Instagram: drcesarlozano


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