Primero Familia

La lealtad, una virtud que se debe cultivar en el seno familiar


Los valores y los principios, son las bases sólidas que sostienen las buenas relaciones en un hogar, en una familia. Son elementos que tenemos que ir adquiriendo con una buena educación moral, no se ven, quedan ocultas bajo la superficie, pero cada día deben reforzarse y darles la debida importancia para que sean en todo momento completamente sólidos. Esa profundidad y solidez, harán que siempre estén a flote en cualquier situación para actuar debidamente como  individuos íntegros, sin dudar en cometer un error.

La familia debe tener valores que la solidifiquen y la sostengan; bases firmes que la mantengan siempre de pie. Una de esas bases es la lealtad. ¿Qué significa lealtad?  Lealtad es firmeza en los afectos y en las ideas que se llevan dentro, es la manera de pensar sin cometer traiciones que puedan alterar al núcleo familiar. Traiciones a nuestros valores y principios, a nuestra propia integridad, una forma de no engañarse a sí mismo ni a los demás.

La lealtad es una gran virtud que se debe cultivar en el seno familiar. La lealtad es fidelidad, la fidelidad es verdad; cuando se funden entre si la Lealtad, la Fidelidad y la Verdad se hacen principios que gobiernan a la familia. El amor debe reforzar ese sentimiento de lealtad. Es algo que se vuelve tan fuerte, que no cuesta trabajo demostrarla en cualquier circunstancia, algo que en el seno familiar debe salir de forma innata. La lealtad al amor incondicional, la lealtad a nuestros valores y no defraudarnos nunca, la lealtad al amor, a la verdad, a la felicidad, a nuestra propia existencia.

No dejemos que los pensamientos negativos, las malas amistades, las malas costumbres, entren al hogar y destruyan  nuestra lealtad a los principios. Trabajemos diariamente fomentando los mejores sentimientos y la gran responsabilidad que tenemos ante la sociedad, como debemos portarnos dentro y fuera de casa. Un adolescente como debe tomar sus propias decisiones y enfrentar sus consecuencias, siempre manejando las situaciones de acuerdo a su educación familiar. Y como adultos y padres la enorme responsabilidad que tenemos de educar y enseñar a nuestros hijos con acciones y actitudes propias a nuestros principios. Realmente poner el ejemplo de lo que predicamos en casa, para que en un futuro nos sintamos muy orgullosos de las acciones de nuestros hijos, incluso en su forma de ser  y de tratar a los padres.

Si trabajamos en casa fomentando el valor de la lealtad y todos los demás principios para que funcionemos cordialmente dentro de la sociedad, podemos estar seguros que hemos hecho un excelente trabajo para un bienestar familiar, para  la comunidad y hasta para nuestro país. Entregándole a la sociedad hombres y mujeres de bien, que sabemos que cuando decidan formar una familia seguirán fomentando los buenos principios a sus hijos, lo que mantendrá un equilibrio social que tanta falta hace en estos tiempos.

La lealtad es un compartimiento que guarda la máxima fidelidad, que no engaña; la lealtad es nobleza.

Recordemos que los principios y los valores morales que se enseñan en casa se vuelven invencibles y fuertes, que no dejan dudar a las personas de su buena naturaleza y de esta forma, no caer en malos pasos o situaciones que puedan llegar a quebrantar los principios. El rechazo a lo malo se da automáticamente cuando hay mujeres y hombres con una buena educación en casa y nada puede romper con lo que sienten y piensan gracias a los principios inculcados en el hogar.

La familia, es el comienzo de la creación del buen comportamiento que tiene el hombre en la sociedad, reforcemos ahora más que nunca la educación en casa. Hagamos de nuestros hijos personas intachables, responsables, con madurez, que sean respetadas por todos, personas seguras de que el buen comportamiento, siempre debe estar por delante de las grandes tentaciones y de la vida fácil.

Si todas estas cosas abrazan y rodean a las personas que viven en una misma casa, tendremos la gran satisfacción y el orgullo de que cualquier sacrificio ha valido la pena para sentirse orgullosos de tener buenos hijos que se han convertido en excelentes personas.

Las adversidades siempre vienen; y a veces van más allá de lo que imaginamos, las aflicciones aparecen y golpean fuerte un hogar cuando menos lo esperamos. ¿Pero, cómo se sostiene ese hogar, cómo pueden permanecer unidos los miembros que habitan en una misma casa? Con las bases sólidas de la lealtad, la fidelidad, el respeto, la verdad, el amor, la honestidad y todos aquellos sentimientos maravillosos, harán a las familias más felices, porque lo que realmente queremos, es ver feliz a nuestra familia y que nuestros hijos disfruten al máximo su vida.

Seamos completamente leales a la mejor educación que pueden tener los hijos dentro del hogar, fomentando el bienestar común con respeto e integridad.

 Por: Nora Oropeza


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