Primero Familia

Importancia de la autoridad de los padres desde la niñez a la adolescencia


Los padres mexicanos hoy en día enfrentan un gran reto al tratar de equilibrar la educación de los hijos con la vida ajetreada que todos llevamos. Si bien, hace algunas décadas, la autoridad de los padres en México era absoluta e irrefutable, pero, actualmente se ha visto un cambio en la manera que los padres educan a sus hijos, siendo ahora más relajada la interacción y la disciplina. El problema como padres, es llegar a ese punto en donde la autoridad no se vuelva tiranía, pero tampoco sea tan escasa, que los hijos crezcan sin estructura y guía.

Un niño al que se le pone límites y se le especifica lo que se espera de él, es un niño seguro, tranquilo, que puede prosperar. Cuando a los niños los dejamos hacer lo que les venga en gana, se vuelven pequeños ogros. Establecer reglas, y tener claro las consecuencias de no seguir tales reglas, da al niño una pauta a seguir, es más consciente de sus acciones, de sus deberes, y esto lo hace sentirse tranquilo y feliz.

Actualmente, es normal ver niños que tratan de desafiar la autoridad de los padres. La autoridad de los padres nunca debe ser cuestionada por el niño pequeño. Muchas veces, como padres, tratamos de justificar nuestras reglas y decisiones ante nuestros hijos, y esto es un error. Lo que decidimos como padres no debe ser cuestionado por los hijos, nosotros sabemos lo que es mejor y establecemos las reglas de acuerdo a lo que mejor conviene para nuestra familia. En el momento que permitimos que nuestros hijos de mala manera y portándose desafiantes hagan preguntas como: ¿Por qué tengo que dormirme temprano? ¿Por qué tengo que terminar mi tarea para las 7? y dudamos que contestarles por miedo a que hagan berrinche o se enojen los niños, perdemos el control de la situación. Nuestra respuesta como padres debe ser: porque es lo mejor para ti y así lo decidimos papá y yo. Darles explicaciones de más, solamente permite que se traten de buscar maneras de romper las reglas y hacer lo que no se debe.

Cuando la autoridad y el respeto de los padres se establecen desde pequeños, la relación padre-adolescente es mucho más llevadera y respetuosa. Al niño pequeño no le molesta tener pocas opciones en cuanto a su vida y no tiene problema siguiendo las reglas que le van poniendo sus padres, sin embargo, cuando se trata de un adolescente, imponer autoridad se vuelve más difícil.

El adolescente quiere que se le respeten sus decisiones y trata de tener más control sobre su vida. Como padres, debemos respetar esta autonomía y conjugarla con nuestras reglas. Irle dando ciertas libertades al adolescente lo hace sentir independiente y a su vez, más feliz.  No se puede tener el mismo diálogo con un niño que con un adolescente. Al niño se le presentan las reglas y no se les da opciones de actuar, al adolescente se le presentan las reglas y se abre un diálogo en donde se puedan cambiar ciertos puntos de acuerdo a su edad y sus libertades. Un ejemplo puede ser la hora de estar de regreso en casa. Cuando se es niño, no hay muchas opciones, el regreso a casa debe ser temprano, pero para un adolescente que quiere ser libre, se le puede dejar regresar a una hora razonable, digamos, las 9 de la noche, haciéndolo sentir un poco más libre y maduro.  Igual, el adolescente ya puede tener un poco más control sobre los programas que puede ver en la televisión, como dividir su tiempo entre las tareas escolares y el juego, y cuales tareas son su responsabilidad en la casa.

Como padres, debemos cuidar y no sobre compensar a nuestros hijos con regalos y mimos, por no poder pasar mucho tiempo con ellos a causa de todas las responsabilidades que tenemos. A veces, el trabajo nos quita tanto tiempo que nos sentimos culpables, y cuando estamos con nuestros hijos, no queremos ejercer la autoridad, pues evitamos estar discutiendo en el poco tiempo que compartimos con ellos. También, a veces estamos tan cansados del trabajo y los quehaceres del hogar, que no tenemos ni la fuerza para darle seguimiento a la disciplina en casa. Sin embargo, el no reforzar las reglas de igual manera todos los días, solo causa confusión y problemas a la larga. Los niños saben que pueden chantajear a los padres para salirse con la suya y entonces es cuando un papá pierde todo control sobre su hijo.

Ser padres no es fácil, no debemos ser tiranos pero tenemos en nuestras manos la responsabilidad de hacer hombres y mujeres de bien. Para lograr esto, debemos tener muy en cuenta que la disciplina, las reglas y nuestra autoridad como padres debe ser el equilibrio entre estricta y amorosa; sin caer en ningún extremo. Cuando nuestros hijos crezcan, lo van a agradecer.

 Por: Norma Olivares


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