Primero Familia

¿Dialogas, discutes o peleas?


Por: César Lozano

El diálogo se define como: Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos sobre un asunto o problema, con la intención de llegar a un acuerdo o de encontrar una solución. Pero, ¿sabes identificar cuando ese diálogo se torna en discusión y acaba en pelea? 
¿Consideras que sabes dialogar? ¿Sabes discutir? ¿Puedes mantener una conversación aun y cuando la otra persona tenga ideas contrarias a las tuyas?

Siembre habrá actos o razones con los que vamos a estar en desacuerdo, ya sea con nuestra pareja, con los hijos, con nuestros padres o compañeros de trabajo. Evitemos querer siempre ganar la discusión tratando de minimizar los argumentos de la otra persona. Es importante tener presente esa regla básica que hace que una discusión sea asertiva: “En cualquier discusión hay tres verdades, tu verdad, mi verdad y la verdad”. No olvidemos que el objetivo es dialogar, llegar a acuerdos, no a pelear.

Con gusto comparto cinco sugerencias que te ayudarán a que tus discusiones sean bien encaminadas:

En privado. A todos nos molesta ser puestos en evidencia, y más cuando cometemos un error. Por demostrar superioridad o amenizar una reunión, podemos caer en la tentación de querer corregir a alguien delante de los demás. Ponemos en evidencia, por ejemplo, la capacidad de las personas, o restamos liderazgo al papá o a la mamá cuando se les corrige en forma agresiva y frente a sus hijos. La prudencia es una cualidad que indica la madurez de una persona. Procura corregir en privado, utilizando palabras adecuadas que inviten al crecimiento, no al desgaste, ni al bochorno.
Evita el “multi-tiro”. ¿Qué significa eso? Al tratar un problema agregándole a la discusión emociones negativas como el coraje, la envidia o el rencor, tendemos a enviar un tiro múltiple. Explotamos y al mismo tiempo buscamos argumentos que nos ayuden a salirnos con la nuestra. Por ejemplo, ¿Qué caso tiene decirle a alguien: “Oye, recuerdas la “metidota de pata” que hiciste el 8 de enero del año 1985, en la mañana?”. O sacar a relucir ante la esposa o el esposo los múltiples problemas que pudieron haber tenido con la suegra desde que se casaron. Terminaríamos hablando de mil cosas que nada tienen que ver con el tema que estamos tratando. Tengamos en mente siempre qué objetivo tiene la discusión y qué es lo que se quiere lograr, buscando un ganar-ganar, es decir, quedar en paz.
Procura usar el “yo” en lugar del “tú”. Siempre ayuda a minimizar a la reacción de la persona con la que discutimos.
He aquí unos ejemplos: En lugar de decir “¡Es que tú dijiste..!” “¡Tú hiciste..!” “¡Tú me dijiste…!” etc., cambiarlo por “Yo entendí…” “Yo me molesté por…” “Yo sentí que…” Vale la pena ponerlo en práctica. Vale la pena evitar hacer sentir mal a la persona con la que tenemos una diferencia. Recuerda que la gente olvida lo que le digas, lo que nunca olvida es cómo la hiciste sentir.

Utiliza el “más-menos-más”. Esta regla ya la he compartido anteriormente, y es básica para corregir a quien se equivoca. Recuerda: Expresa primero algo positivo de su acción. Luego indícale el error y después cierra con algo positivo. He aquí un ejemplo: “Por supuesto que quiero ir contigo a ver a tu mamá. Sin embargo, hoy deseo más que pasemos juntos este día. Te prometo que mañana iremos a verla”. Es muy diferente la reacción cuando usamos la sutileza al hablar con la gente que verdaderamente queremos.
Detecta y apoya la bandera blanca. Es la bandera de la retirada. Es evitar seguir discutiendo lo mismo, cuando la contraparte ya se rindió de alguna forma. Si la relación está basada en la amistad y en el amor, en algún punto de la discusión uno de los dos sacará la bandera blanca para ponerle fin a las hostilidades, y esto puede darse de varias formas: una risa espontánea, una disculpa, un chiste o un sutil cambio de tema.
Si sientes que la discusión está subiendo de tono. Pide “tiempo fuera”. Expresión aplicada en el deporte cuando alguien necesita reivindicarse, ajustarse o nivelarse ante un suceso inesperado. Pedir tiempo fuera atenúa las emociones basadas en el coraje o el resentimiento. Decir a tiempo: déjame pensarlo, sin caer en la indiferencia; necesitamos calmarnos, sin olvidar los argumentos; vamos a hablarlo después porque estamos muy alterados, puede ser la gran diferencia.

No olvides, la máxima prueba de madurez es mantener la calma cuando todos están alterados.

También hay que tomar en cuenta que muchas veces ganamos una discusión cuando la evitamos, quienes conocen perfectamente la gran diferencia entre discutir y pelear, identifican las situaciones en las que no vale la pena invertir tiempo con discusiones intrascendentes. Evitan las discusiones innecesarias y sin sentido, la palabrería que sólo lleva a discutir por discutir. Procuran no inmiscuirse en controversias tontas que a nada llevan. En otras palabras, y como ya se ha dicho muchas veces, prefieren ser felices a tener la razón.

Y tú… ¿dialogas, discutes o peleas?

¡Ánimo!

¡Hasta la próxima!

 

Dr. César Lozano

Conferencista Internacional y Conductor de Radio y Televisión
• Página web: www.cesarlozano.com
• Facebook: Facebook.com/doctorcesarlozano
• Twitter: @drcesarlozano
• Instagram: drcesarlozano


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