Primero Familia

Controlando las emociones en el núcleo familiar


Perder el control de las emociones puede perjudicar nuestra salud y la relación con los demás

Con el ritmo de vida que llevamos actualmente, es muy probable que día a día se presenten en nosotros problemas serios que provengan del trabajo, de relaciones laborales, con los amigos o incluso dentro del seno familiar.

Dentro de la familia, cada miembro actúa de diferente forma ante ciertas situaciones y muchas veces solo el apoyo familiar, es el que ayuda a salir adelante ante cualquier situación. No obstante, las emociones que manejamos pueden rebasar nuestros sentidos y derivar en consecuencias que pueden perjudicarnos tanto social, como mental y anímicamente.

Todos tenemos reacciones emocionales diferentes circunstancias, la emoción es innata, se da de forma natural, todos en cualquier momento tenemos el derecho de sentir enojo; pero debemos aprender a controlarlo y manejarlo para evitar futuros problemas.

Dentro de la relación de pareja, la convivencia diaria con los hijos, con los padres o con los hermanos y en el trabajo estamos expuestos a múltiples circunstancias de convivencia que pueden provocar desacuerdos.

Esa rutina y el proceso de ir guardando heridas emocionales, a través del tiempo siempre se mantienen latentes, pero llega un día y en el momento menos inesperado que se provoca un estallido de ira, arrojando esos sentimientos acumulados en la mente y en el corazón. Cuando llega a pasar esto, se provoca el nacimiento de conflictos familiares, se puede ir perdiendo el amor, el respeto y la admiración por los seres que amamos.

Esos momentos se vuelven oscuros sin tener alguna solución, se cree todo perdido e irreparable; y esto lo han provocado las emociones fuera de control.

Cuando se hieren los sentimientos, cuando se dicen palabras de manera equivocada, no solo hemos hecho daño a los demás, el daño más grande se lo hacemos a nuestro propio yo, a nuestro propio ser, quedando por días con un gran desequilibrio emocional.

Es aquí, cuando debemos poner en marcha nuestros cinco sentidos y dar rienda suelta a nuestras habilidades para saber perdonar y reconocer los nuestros errores.

Nuestro pensamiento racional nos da la oportunidad de evaluar nuestra conducta, de aprender de esos conflictos, de enseñarnos los sentimientos de orgullo, de rencor, de ira, cualquier sentimiento negativo tiene la gran oportunidad de salir y apoderarse de nuestro razonamiento; pero también puede ser una oportunidad para darnos cuenta que eso nos hace sentir mal, nos
hace daño y nos aleja de las personas.

La inteligencia que tenemos debemos aprovecharla y abordarla emocionalmente, para guiarla a reconocer nuestras faltas.

Aprendamos a fortalecer y a estimular nuestras relaciones con los demás, enseñemos a nuestros hijos a saber manejar sus emociones. Nos corresponde como padres de familia que ellos sean en un futuro hombres y mujeres de bien, así que debemos aprender que los sentimientos también pueden ser guiados y educados.

Eduquemos a nuestros hijos a ser amorosos y a expresar amor por los suyos y por el prójimo, eduquemos también, para controlar todos aquellos impulsos de enojo y no convertirse en personas violentas y agresivas, al contrario de esto, analizar todas y cada una de las situaciones para que el razonamiento actúe antes que la ira. Enseñemos a nuestros pequeños a observar, a escuchar y a defender sus opiniones de manera tranquila y positiva. Empecemos demostrando en el hogar que nosotros los padres, podemos manejar las emociones.

Hagamos un ambiente sano para ellos, de unión familiar, un ambiente comprensivo, siempre abierto al diálogo, poniendo siempre como base una buena comunicación, solo hablando podemos entender que es lo que sienten y lo que piensan los demás.

Enseñemos a compartir lo que tenemos, haciendo a un lado el egoísmo, a convivir con todo tipo de gente, no importando su raza o religión y mucho menos su nivel social, enseñemos a respetar los diferentes estilos de vida que hay, enseñemos a no juzgar a los demás.

Aprendamos a reconocer nuestras emociones, las que nos hacen sentir bien y las que nos afectan,
enseñemos a ser tolerantes con los demás y a alejarse de las personas negativas, que nada bueno nos pueden dejar.

Como padres, debemos educar a los hijos emocionalmente, estemos alertas ante los impulsos que puedan tener y en ese momento explicarles las consecuencias de esas actitudes de agresividad.

Recordemos que las emociones tienen gran influencia en la salud, lo que puede ocasionar graves problemas en la relación familiar.

Recordemos también, que las emociones son producto del significado y la interpretación que le demos, así que cada uno experimenta sus emociones como interpreta los hechos de acuerdo a su pensamiento.

No es fácil saber manejar las emociones que pueden afectar nuestra salud y las relaciones con quienes nos rodean, pero con paciencia, un buen ejemplo y la buena educación, aprenderemos podremos lograrlo.

Por: Nora Oropeza


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